El chocolate mágico de Theo

Mamá, ¡hay una niña nueva a la escuela!

– Qué bien cariño, ¿Has jugado con ella?

– No mamá, la mordí.

– ¿La mordiste? pero, ¿por qué lo hiciste?

– Mami, yo quería probarla.

– ¿Probarla?

– Si mami, la niña nueva es de chocolate y otros niños la llaman “negra”.

– ¿De chocolate?, ¿Negra? ¡Oh! Cariño ya entiendo…  Ven. Siéntate junto a mi. Te voy a contar una historia…

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“En un país lejano vivía una niña como tú, se llamaba Theobroma. Tenía 10 años. Ella y su familia vivían en una pequeña aldea donde el Sol cada día brillaba tan fuerte que para poder salir fuera de sus casas, esperaban a que cayera el sol. Los niños no podían ir a la escuela, los mayores no podían ir a trabajar… El Sol brillaba muy fuerte y quemaba…, quemaba tanto, que los campos estaban sin flores, los ríos se secaban y sus rayos producían unas quemaduras en sus  pieles terribles. 

Un día, Theo, así la llamaban todos, le dijo a su mamá:

– Mami, esta noche iré a buscar al Señor Sol y le pediré por favor que deje de quemar nuestros campos, de secar nuestros ríos y de dañar nuestra piel. No tengo miedo porque la oscuridad de la noche y estas vestiduras me protegerán.

Theo salió de casa, ataviada con varias capas de telas de colores para protegerse del Sol. Era una madrugada oscura, la luna hoy se había quedado en casa. Caminó directa a la gran montaña donde el sol vivía cuando no estaba en el cielo. Esperó en la cima del horizonte sentada. Y de repente un rayo de luz dibujó un nuevo horizonte, ¡El sol se acababa de despertar!

– ¡Señor Sol, soy Theo! ¡Señor Sol, quiero hablar con usted!

La voz del Señor Sol en un estruendo y grave sonido pronunció:  

 -¿Quién hay ahí?

– ¡Señor Sol, Señor Sol por favor deje de quemar a mi pueblo!

Entonces el Señor Sol abrió sus brillantes y grandes ojos sorprendiéndose al ver a una niña tan pequeña… 

– ¿Qué haces aquí?¿No tines miedo?¿Cómo te llamas? ¿Porqué llevas esas ropas?, apenas puedo verte de lo pequeña que eres… 

– Soy Theo,  vengo de una aldea llamada Malvaceae. Mi família cultiva en el campo y sus rayos no nos dejan vivir. ¿Podría usted dejarnos de quemar? – El Señor Sol se quedó pensativo y le dijo:

 – Voy a regalarte algo…déjame que busque aquí…- Dio vuelta y media a su cintura para encontrar un bolsillo que parecía hecho de gelatina de limón y sacó una bolsita repleta de semillas. El olor era increíble.

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Se lo entregó a la niña diciéndole: – Mira, dentro de este saco hay unas semillas de cacao, son mágicas y protegerán tu piel y la de todos los habitantes de tu aldea cuando los comáis. La magia del cacao hará su función y vuestras pieles se oscurecerán y estarán siempre protegidas contra mis fuertes rayos. Para tus campos y tus ríos, hablaré con las Señoras Nubes y les pediré que preparen las estaciones de lluvia.

Theo volvió a su casa y repartió las semillas entre todos los aldeanos. Sus pieles se oscurecieron, ¡estaban radiantes! ¡Estaban llenos de energía! 

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… y colorín colorado, este cuento se ha acabado, si quieres que lo repita dime que sí y grita.”

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– Gracias mami, mañana hablaré con Theo, hay con mi amiguita del cole, y le explicaré porque su piel es tan bonita!l

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